jueves, 21 de abril de 2011

Las casualidades no existen.

Desde pequeña me han enseñado muchas cosas. Que hay que llamar antes de entrar, utilizar hasta la saciedad el “por favor” y el “gracias”, ser puntual, saludar siempre al entrar en un sitio. Ser ordenada, cuidar lo de los demás incluso mejor que lo mío y saber estar. Educación de la que se han encargado mis padres, mis abuelos, mi familia. Dudo que alguna vez les haya decepcionado. De mis amigos he aprendido otras tantas cosas: que es mejor pedir perdón que pedir permiso, que una colleja a tiempo elimina tonterías, que una risa tras una mirada puede decir todo, que no hay que ser experta en adelantar acontecimientos, pero que es mejor prevenir que curar. Que un enfado se cura con un rato rodeado de amigos, que un viernes cualquiera puede convertirse en el desfase del siglo y que un desayuno especial es una reunión con amigos, precisamente. Que soy fácilmente convencible para salir aun estando en pijama, que las sesiones de fotos pueden convertirse en lo más divertido del día y que el disimulo no es algo compatible con ellas. Muchas veces quiero volver a esos momentos. Tengo que decir que la vida, en general, me ha enseñado que de los errores se aprende. Que caer está permitido, pero levantarse es obligatorio. Que sólo fracasa quien no lo intenta. Que amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano, que si te rindes ya estás vencido y que siempre decepciona quien menos te lo esperas. Que las malas rachas siempre pasan, que tu vida no es gris, es del color del que tú la quieras pintar. Que hay días en los que te crees una desgraciada y momentos en los que consideras que no puedes estar mejor. También he aprendido que hay que dejar irse a las personas para extrañarlas y que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Que un beso no significa nada sin no hay interés, y que de nada sirve el interés si no hay beso. Que ser precavido no es ser cobarde y que la llamada a la tranquilidad en un momento de histerismo puede dar lugar más que a la calma al desasosiego. Que los sueños, sueños son, y que me encantaría poder guardarlos para poder verlos en DVD. Que para superar los miedos hay que enfrentarlos y que un “yo nunca” puede dar lugar a un “eso me pasa por abrir la boca”. Que la humildad es la clave del éxito y la amabilidad quien lo mantiene vivo. Que el silencio puede hacerse lo más incómodo del mundo provocando una inquietante sensación de misterio, o ser el momento cumbre de la conversación al no haber nada que decir. Que siempre suena la canción en el momento más oportuno y que las casualidades no existen.

2 comentarios:

  1. Me gusta tu blog (:
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